Desde que era niña, siempre supe que quería cuidar de las personas. No tenía claro en qué profesión terminaría: soñaba con ser doctora en obstetricia y ginecología, pediatra oncóloga, e incluso me llamaba la atención ser investigadora forense. Lo único que tenía seguro era que quería dedicar mi vida a ayudar a otros.

El momento que cambió todo fue cuando mi abuela enfermó. Ella tenía Alzheimer, y aunque muchas veces no comprendía lo que sucedía a su alrededor, yo estaba allí con ella. Le daba de comer por la sonda, le limpiaba la boca y ayudaba a su cuidadora a mantenerla cómoda y limpia. Verla en sus momentos más oscuros, y poder darle aunque fuera un poco de dignidad y compañía, me hizo enamorarme de la enfermería. Sentí que quería ser esa persona que sostiene la mano de quienes no tienen a su familia cerca.
Con esa pasión entré a estudiar enfermería en la Universidad de Puerto Rico. Pero mientras avanzaba, veía lo difícil que era para muchas enfermeras ejercer en la isla: turnos con más de seis pacientes en un piso regular y sueldos de apenas $7.25 a $9 la hora. Aunque yo todavía no había trabajado como enfermera, entendí que esas condiciones no eran sostenibles ni para mí ni para mis colegas.
Mi decisión de mudarme a Estados Unidos
Cuando me gradué, tomé la decisión de mudarme a Estados Unidos. Fue un paso muy duro porque significaba dejar atrás mi isla, mi gente y todo lo que conocía. Con el tiempo llegué a Nueva York, donde mi mamá ya se había establecido después de enfrentar sus propios retos. Tenerla cerca me dio la fuerza que necesitaba para quedarme y me recordó por qué había tomado esa decisión: quería un futuro más estable y justo, tanto para ella como para mí.
El trabajo aquí es intenso, sí, pero también justo. Las condiciones me permiten ejercer la enfermería con pasión: ratios más razonables entre pacientes y enfermeras, mejores beneficios, y un salario que refleja la enorme responsabilidad que llevamos cada día. Gracias a eso, pude crecer como profesional sin sentir que estaba sacrificando mi salud o mi dignidad.
Mis sueños con Puerto Rico
Aun así, Puerto Rico nunca ha dejado de estar en mi corazón. Sueño con regresar algún día para seguir desarrollándome y aportar a mi isla. Me encantaría comprar una casa, pasar más tiempo allí, visitarla con frecuencia y, quién sabe, quizás vivir parte del tiempo —o incluso permanentemente— en la isla. No sé lo que el futuro me depara, pero confío en que Dios tiene un plan para mí, y sé que en algún momento podré devolverle a Puerto Rico todo lo que me dio en mis comienzos.

Algo que me llena de esperanza es poder apoyar a otros colegas puertorriqueños que están considerando dar el mismo paso que yo. Si eres enfermera en Puerto Rico y tienes preguntas sobre cómo tomar el NCLEX, cómo hacer la transición para trabajar en Estados Unidos, o cualquier otra duda, estoy aquí para ayudarte. No importa lo simple que pienses que sea tu pregunta; para mí, no existen preguntas pequeñas. Me encanta poder apoyar a quienes desean superarse y construir un mejor futuro para ellos y sus familias.
Si quieres leer más sobre mi experiencia como enfermera, consejos para el NCLEX y estrategias para balancear tu vida personal y profesional, te invito a suscribirte a mi blog. Aquí comparto recursos, historias y reflexiones hechas con cariño para quienes buscan crecer en la enfermería sin rendirse en el camino.
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